lunes, 12 de septiembre de 2016

Huaso: el Pura Sangre Inglés que ha llegado más alto


POR ANA ESCAURIAZA

Hace unas semanas escribí en este mismo blog una entrada sobre el futuro de los PSI después de las carreras que tuvo buena aceptación. Hace poco me di cuenta un error garrafal al omitir, en ese artículo, al PSI que ha llegado donde ningún otro: Huaso.

Huaso no siempre fue Huaso. Este alazán, hijo de “Henry Lee” y “Trémula” nació llamándose “Faithfull” en 1933 en Chile. De orígenes argentinos, fue subastado por la nada desdeñable cantidad de 15.000 dólares en 1935. Pese a presentar unos buenos orígenes, “Faithfull” no destacó en los hipódromos: sólo consiguió cuatro victorias en su vida deportiva (entre 1939 y 1940) y fue jubilado.

Ya retirado de los hipódromos probó suerte en una de las disciplinas con más arraigo por esas tierras y donde los PSI también suelen brillar: el polo. Pero “Faithfull” apenas duró un año ya que no aguantó los entrenamientos.

El imponente alazán (medía 1,68m -aunque en algunas reseñas de la época su alzada crece hasta 1,71m-) encontró una segunda oportunidad de la mano del militar Gaspar Lueje en la disciplina de doma clásica. Poco duró el PSI en los cuadrilongos ya que un fatal accidente con un hierro por poco acaba con su vida.

Todavía propiedad del Ejército de Chile “Faithfull” fue probado en salto. Aunque en recorridos no era especialmente bueno, en potencias (salto aislado) no tenía rival. Su habilidad fue descubierta de casualidad: un día el alazán estaba pastando tranquilamente y batió un cerco de 2,30m con total naturalidad; esa proeza fue vista por dos militares quienes no dudaron en probar suerte en estas pruebas.

Un buen día alguien decidió poner al caballo en manos de Alberto Larraguibel, un militar especializado en salto. Probablemente, esa decisión cambió la vida de jinete y caballo y ambos pasarían a la historia.

Larraguibel consiguió batir el récord de altura de Chile (2,33m) y de Sudamérica (2,37m) todo ello además en una época donde tenía un duro competidor: el binomio formado por Luis Riquelme y “Gaucho”.

En esta época “Faithfull” cambia radicalmente: por fin ha encontrado la disciplina donde funciona y, además, pasa a llamarse “Huaso”; el nombre que escribirá en los libros Guiness.

A Larraguibel y “Huaso” les quedaba todavía un muro que saltar: el récord del mundo establecido en 1938 por Antonio Gutiérrez y “Ossopo”, cuando saltaron 2,44m. El día fijado para intentarlo fue el 5 de febrero de 1949 y no sólo Larraguibel y el alazán quisieron pasar a la historia, los mencionados Luis Riquelme y “Gaucho” también se inscribieron en la prueba.

El modus operandi de estas pruebas consiste en empezar por un salto y, posteriormente, ir subiendo (muy parecidas a las pruebas de salto de altura de atletas humanos) El primer salto, sobre 1,83m, no supuso ningún problema a ninguno de los dos binomios. En el segundo salto se situó en 2,14m. Huaso pasó a la primera pero, tras una mala recepción donde tropezó, Larraguibel tuvo que tirarse de su montura para evitar daños mayores. “Gaucho” notó la presión y necesitó dos intentos para pasar limpio.

Finalmente el reparo se subió hasta los 2,47m; en caso de batir limpio, se establecía un nuevo récord del mundo. “Gaucho” no lo consiguió, derribando los tres intentos (el último, con caída incluida) Tampoco lo tuvo fácil nuestro protagonista: después de un rehuse, en el segundo intento llegó el derribo.

Así llegamos al tercer intento: sólo una oportunidad para pasar a la historia. ¿Qué pasó? Mejor leer las palabras del propio Larraguibel:

“El momento más difícil fue la cúspide del salto. Mis ojos estaban a cuatro metros de altura y tenía la sensación de caer. La menor indecisión, el menor movimiento, reflejo de temor en ese momento… pudo hacer que la prueba terminara con una sonajera de palos, porque el animal estaba haciendo un esfuerzo grandioso para levantar sus patas posteriores por sobre las varas. Si hubiera presentido alguna vacilación en mí, “Huaso” habría dejado sus patas atrás y habríamos rodado juntos”.

“Yo llegué a tierra y no escuché un grito. Me pareció un momento eterno. Pensé que algo había salido mal, aunque no había sentido caer las varas. Entonces… hubo una explosión. Me levantaron en andas, lanzaron las gorras al aire, cantaron la Canción Nacional… hasta me arrancaron todos los botones de la casaca y al “Huaso” hubo que ponerle una guardia especial, porque hasta una semana después había gente que le sacaba los crines para guardarlos de recuerdo”.

“Huaso”, ese PSI que no servía para correr, a la edad de 16 años, llegó a donde ningún otro caballo ha llegado y tocó el cielo: batió limpio nada menos que un salto a 2,47m (de hecho, muchos defienden que saltó más ya que, como puede apreciarse en los videos de la época, la barra no estaba perfectamente plana y el alazán la batió por una de las zonas situadas a mayor altura)

Tras este récord “Huaso” descansó en unos prados (esperamos que con muros muy altos) y, de vez en cuando, era montado por su gran jinete. “Huaso” falleció un 24 de agosto de 1961 tras recibir todos los homenajes posibles.

La leyenda de “Huaso” todavía sigue vigente: nadie ha batido su récord (aunque es cierto que las pruebas de potencia hoy en día casi no tienen popularidad) Además, el 5 de febrero de 2013 (fecha del aniversario de su hazaña) Google le dedicó un bonito homenaje (foto aquí: http://www.lanacion.cl/noticias/site/artic/20130205/imag/foto_0000000520130205092441.jpg) Desde 2007, “Huaso” cuenta con una estatua en Viña del Mar, la localidad que le vio nacer (foto aquí: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/9/97/Monumento_Larraguibel.jpg/250px-Monumento_Larraguibel.jpg)

Monumento en Viña del Mar (Fuente: Wikipedia)


Aunque era otra época, con una cría menos selectiva y caballos no tan especializados en las distintas disciplinas, la historia de “Huaso” ahonda en una idea que, machaconamente, me gusta repetir: la vida de los PSI no acaba en los hipódromos. Un caballo de 5 ó 6 años es increíblemente joven y todavía le queda mucha vida por delante. Increíblemente, “Huaso” no pudo con los primeros obstáculos que se encontró (el hipódromo, el polo y la doma clásica) hasta que no encontró a un jinete con quien saltarlos. En ese momento, no pudieron ponerle ninguna barra que le frenara.